Hay en mi alma un pozo muerto, donde no
se refleja el sol, y del que huyen los pájaros
con terrores de vírgenes ante un misterio
de cadáveres.
Mi alma es un palacio de piedras, donde habitan los ausentes,
trayéndome la sombra de
sus cuerpos para alivio y compañía de mi
vida.
Mi alma es un campo desbastado donde
el rayo quemó hasta las raíces, y donde no
puede florecer ni el cardo.
Mi alma es una huérfana loca, que
anda de tumba en tumba buscando el amor
de los muertos.
Mi alma es una flecha de oro perdida en un
charco de fango
Mi alma, mi pobre alma, es una ciega que
marcha a tientas sin apoyo y sin guía.
Copiado del blog Letras iberoamericanas