15.1.13

Llueve
y el niño chino sigue llorando sentado sobre su triciclo viejo y descolorido

compartimentos estancos para sobrellevarnos en la vida
líneas destrazando los charcos que la nieve formó en la región del frío
esperando luz
de las manos portadoras
en palabras adulantes y ácidas
finales dulces en los andenes del tiempo
y sin lugar preciso para la última estación

la próxima vez
cuando escampe la lluvia

figuras de cartón recortadas
se angostan
carcomidas por los meses
por esa línea incolora y temporal
cristalina ella
en su percance más claro de una mañana gris de plomo y granizo intermitente
él ya no está y la montaña de la infancia pierde altura
su cima roma
si te duermes y sueñas, caminas
si despiertas, tendrás la brisa del ausente sobre tu mejilla derecha
o caimanes devorando el color sonrosado
o una brisa suave rodeará el cuerpo
solo son posibilidades incipientes
improperios del día
la seducción más firme de la palabra.

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