24.8.11

Ahora que se acaba la fiebre del oro empiezan las alergias y la sed del blanco.

Era solo un pistolero sin sueldo perdido en la última duna del desierto de una ciudad extranjera.

Recogimos su pala, su caldero, su criba y su paciencia.

Sobre el azul en letras de color blanco leemos: Wilson Cenan.

Por mucho que le dan vueltas nadie descifra el mensaje escrito sobre el azul con letras blancas.

El más arriesgado dijo es por error, será: wilsones cenan.

Y otro le corrigió: o Wilson cena.

Sin coordenadas es difícil descifrar. Dejémoslo como está: Wilson Cenan. 

Y todo esto sobre un mar gris entre verano y otoño, cuando ya los barcos están recogiendo las velas y abandonando el puerto.

Y todo esto cuando los peces regresan a las mismas aguas que bañan el blanco iglú de un invierno que a partir de ahora se repetirá todos los inviernos mientras los trenes pasan y los desesperados desaparecen sobre las vías.

Al otro lado la ciudad repite su color gris y se oyen las sirenas de ambulancias y de coches de policía. 

A este lado de la línea roja.

2 comentarios:

Frank Invernoz dijo...

Me gusta. Un buen relato.

mjromero dijo...

Muchas Gracias, Frank.