5.6.11

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Estoy escondido. Hay tanto barullo que he venido corriendo a esconderme donde no me encuentren. No quiero ver a nadie ni que nadie me vea. No aguanto ese barullo de voces, música, entrevistas, comentarios estúpidos, parabienes, sonrisas por aquí y palmaditas en el hombro. No. Si mi padre llega que me busque, que tampoco tengo muchas ganas de verlo. Si por algo me diferencio es por la ausencia de marcas, soy un desmarcado y no tolero que nadie, sea quien sea, me marque. Rápidamente te cargan cruces, cogen los folios, comienzan a preguntarte y se lían a marcar las casillas, a llenarte el expediente de crucecitas. Vayas donde vayas ya vas crucificado. No pienso pasar por lo mismo una y otra vez. Si me descubren y me veo forzado a salir de mi escondrijo, saldré pero no responderé a nada, silencio absoluto y total, ni un suspiro, antes me ahogo. Y que vayan a investigar a otro lado. Yo no pienso subirme a ese autobús. Antes muerto. Tendrán que silenciarme con silenciador, porque si me obligan a subir se oirán los gritos desde Caín, que es el pueblo más remoto que se me ocurre ahora mismo, y armaré una que tendrán que atarme y llevarme atado adonde sea, pero tarde o temprano me bajarán del autobús. Y esto lo juro por mis muertos, que no son muchos, pero fueron muertes tan aparatosas que, calculando, son más mis dos, tres o cuatro muertos que cincuenta o cien de ellos, y esto sin molestarme mucho en hacer los cálculos. Aquí no baja nadie porque hay un nido de ratas y tienen miedo, y también hay serpientes pitones que se comen las ratas, y también cazadores malayos que cazan las serpientes, y aviones invisibles y sin pilotos que tiran a dar y matar a los cazadores malayos. A ver, a ver, a ver quién es el valiente que se atreve, ni por megafonía se atreverán a acercar a este antro su voz metalizada. Son como tiburones devorándose unos a otros. Que los he visto aunque disimulé y no dije ni pío. Así que no salgo. Prefiero ser devorado por una pitón, por una rata o por un malayo. A mí no me engañan más, ni vestiditos de cordero. Que ellos sí que tiran a dar. Sin contar con el problema de las dislexias, que igual sales con las manos abiertas y en alto queriendo decir me rindo, alto, que me rindo, y te sale otra cosa y te acribillan a balazos. Que yo ya los vi actuar tipo hombres Geo y no esperan a que los saludes, o que tengas sed y puedas pedirles un vaso de agua. Ellos están acostumbrados a descubrir objetivo, apuntar objetivo, tirar al objetivo, ¡pum! y fuera, objetivo alcanzado y hacia otra misión. No, hombre, que no, prefiero a las pitón mil veces antes que a los hombres G., al menos ellas no hablan, no mienten, no tienen compasión, actúan como lo que son, por hambre o por defensa, y se acabó. Miraré de apuntarme a un curso de pitón.
Objetivo: ser el hombre pitón.

5 comentarios:

jordim dijo...

no está nada mal, volveré por aquí.

Rayuela dijo...

me apuntaré al mismo curso.


te leía, y (como siempre) me admiraba (y me admira) tu imaginación plasmada en palabra que fluye.

mil besos*

mjromero dijo...

jordim,
la puerta también esta abierta para vos.


Rayuela,
tengo unas cien páginas así de disparatadas y no sé qué hacer con ellas, porque subirlas a los blogs sería algo pesado a la hora de leer.
Un beso.

Anónimo dijo...

...pues deberías empeñarte en publicarlas no?
un abrazo

Olvido

mjromero dijo...

Olvido,
ni me lo planteo.
Un abrazo.