11.9.08

Recogiendo las sandalias

Ala, a recoger velas y sandalias. A recoger a Rambo, precipitándose por los precipicios y yo detrás sujetándolo y detrás de nosotros J. Pe haciéndonos fotos, mi madre de taxista llevándolo sin saber muy bien si a su casa o al hospital, y al día siguiente preguntándole pero R. tú qué tomaste y que no se acuerda de nada, ni del precipicio abajo por el que quería despeñarse. A recoger también la fruta de los árboles, a despedirse del pueblo que ya está más solo y silencioso, a despedirme de los perros de los vecinos y de las vacas y de los caballos y hasta de las gallinas, que mira que son raras, los vecinos tienen gallinas chinas y gallinas asturianas. Y me han obligado a leer, algo de detectives en la época romana, lo he pasado a un amigo que aún se ríe con lo escatológico.
Quitando el libro de lectura obligatoria no he dado golpe..., ahora llegan las lamentaciones. Por no lamentarme de la patilla o demás restos que me encuentro por mi cuerpo para lamentar, y en casa ni puto caso, mi padre cuando empiezo me echa fuera, me dice, mira, no me des la lata, y mi madre pone cara de póquer, que no es que sepa cómo es ese juego pero en las pelis veo la cara que ponen los jugadores, y esa exactamente es la que pone mi madre, ya ni se molesta en echarme el rollo de la mente y del espíritu, que fue la primera fase, luego llegó un rotundo ¡no! y ahora, en cuanto le veo la cara, ya me voy y cojo el teléfono y llamo a J.Pe y nos lamentamos juntos. Sólo quiero saber el tiempo que falta para ser tal y como queremos ser, se lo preguntaré a ella, a C.L, aunque igual me da un bufido, pero como algunas dicen que es la más lista o quizá debería preguntárselo al más tonto o a la más tonta, ya que dicen que todo esto no son más que tonterías.

2 comentarios:

elshowdefusa dijo...

Qué cariño le tengo a este blog, Alfaro. Me gusta muchísimo. Es como espiar por una mirilla, sin que me vea. Me encantan todas las historias que se dejan ver y la familia.

Me ha recordado la última parte al libro La reina de las Nieves (adivina de quién), cuando el niño le pregunta a la abuela que cuándo le entrará a él el trocito de hielo en el ojo, si es que le entra.

Un beso, Alfaro.

alfaro dijo...

fusa,
estas historias tienen su cosa pero empiezo a divertirme más con otras...
un beso.