4.3.08

Unos códecs

Estoy eufórico. Toma ya. He conseguido lo imposible, lo que parecía imposible. Y ahora querrás estudiar historia otra vez, como si no le importara mi sobresaliente. Pues no, no. No me decido por historia, ya lo sabéis. Estas vacaciones ni golpe, ya tenemos preparadas las salidas, incluidas las de por la noche. Me gusta estudiar, me gusta aprender cosas nuevas, incluidas las mate. Lo que más me gusta es filosofía, estos días toca la filosofía de la política, de la constitución y me gusta, me gusta también la psicología pero un poco menos.
Y hablando de filosofía, no puedo olvidar mi tropiezo con H. Él, ya en clase, y yo, corriendo por el pasillo para no llegar tarde, respondo con un grito a un compañero, que también corre hacia su aula, pero qué grito. Según me cuentan, H. se calló, hizo un mohín y dijo: ¿Qué ha sido eso? ¿Quién tiene semejante y profundo vozarrón? Le dijeron: L. A lo que respondió: ¿Cómo que L?, ¿L.I. o L.R.? L.R., o sea, yo, le dijeron. ¡Ah!... y yo que lo tenía por un chico muy educado. Para qué contar con qué expresión me recibió cuando abrí la puerta todo apurado. Pero hoy me ha dado la enhorabuena.
Porfa, si tienes tiempo, que ya sé que nunca lo tienes, pero temo fastidiarlo todo si lo hago yo, bájame unos códecs que necesito para poder jugar. No te doy más la gaita, de verdad. Ya me voy, que he quedado a las seis con R.

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