12.12.07

El italiano

¡Ah! ¡Qué bellísimas, las mujeres! No las mires y si las miras que no se note. Esto exactamente nos dice H. de las mujeres del Norte de África. No se ha ido a Nueva York, no, él se ha ido a Marruecos, y allí encontró una ciudad mimetizada con las rocas, y le salvó un ángel cuando su todoterreno se quedó enfrente de aquel cortejo fúnebre con el féretro a hombros, todos mirando hacia él. Mientras H. vivía esta aventura, nosotros idiotizándonos. Al salir, mi madre me dijo si fluye el alcohol que no sea en demasía. Hasta batido de fresa fluyó.
He tenido un choque con una niña. No. Una niña ha tenido un pequeño choque conmigo, con J. y con el italiano, intervino el de gimnasia y lo empeoró todo. Cuando lo conté en casa, mi madre le dijo a mi padre si es que C. es un bocazas, toda su vida igual, cogió el teléfono y pensé: todo va a empeorar, pero no. Y se solucionó, sin problemas, tampoco había pasado nada, unas palabras de la niña con el italiano. Mi madre de todos modos se puso en plan guerrero y hablará el viernes con H., mi tutor. Por una vez no se pone del lado de una niña, tan feminista que es ella, nunca se sabe de qué lado soplará el viento, es como una veleta.