24.9.07

Y la llaman Anabel

Sé que ella, Ana Isabel Prieto, nunca leerá esto. Y como lo sé puedo darle las gracias de este modo. En un momento muy delicado de mi adolescencia y por algo que era una tontería, se me complicó el verano, y después de las pesadillas y los más oscuros pensamientos volvió el sol. Sería injusto no agradecerle a mi sufrido padre sus palabras, y a mi madre que pateó asfalto y palabras por mí, sobre todo porque nunca dudaron de mí. Sin embargo, de no haber sido por ella, por Anabel, el final hubiera podido ser muy de otro modo.
He de madurar, aunque pensé que ya estaba maduro. No puedo ser tan ingenuo. Ni tan infantil. Sobre todo no olvidar nunca el día que vi cómo hay personas que realizan su trabajo con absoluta dignidad e independencia.
Quizá estudie psicología o derecho. Como dice mi madre, las ideas se ven todos los días en el trabajo diario, en casa, en un beso, en una palabra, en un codazo, en una patada en el c... Y siempre la verdad.
Pues, gracias, gracias, gracias... y a retomar mi atroz adolescencia y sumergirme en el mundo de las palabras y que reparen pronto mi ordenador, he de recuperar a Jerjes y Leónidas y el mundo de las Termópilas, esto de estar sin jugar...