13.7.07

Punto de mira

No es tan difícil, brazos que formen con el cuerpo una T, gira un poco el codo, el brazo un poco más bajo, mano y cara estilo europeo, o americano, mejor estilo Enrique, justo aquí debajo de la mandíbula. Todos dimos en la diana, pero ahora le toca a ella, precisamente ahora que esos pájaros se ponen encima de la diana, y no se van. Ella no miró, soltó el arco y ¡zas! ¡Menuda, casi me cargo al pájaro! Enrique con paciencia: A ver...debes de tener el punto de mira desviado. Efectivamente, a la segunda atinó, y entonces nos dice riéndose: Vaya, no sabía que tenía que apuntar mirando por este pequeño círculo. El punto de mira, mamá, ese es el punto de mira. Con ella por aquí los pájaros dejarán el mirador, mientras se dedica a enseñarme un clavel colgante o aéreo, a explicarme el horizonte lejano y de cuando en cuando se pone en forma de T y ¡zas! Luego, de regreso a casa, se salta en las plazoletas el ceda el paso y los conductores que tienen preferencia sorprendidos le tocan el claxon y ella dice toda enfadada: ¿Qué mosca les habrá picado? ¡Por Dios qué pesados! Acabarán poniéndome nerviosa. No sé si la temo más con el arco en la mano o al volante. Le digo que puedo ir y venir en autobús, más que nada por mi seguridad, bueno, esto de la seguridad no se lo digo, pero me mira arqueando una ceja y riéndose me dice: Anda, en autobús, con lo incómodos y lentos que son los autobuses, a qué horas llegarías... si en un plisplás te llevo y te traigo. Y vaya que si lo hace en un plisplás.

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