5.4.07

Madres guerreras

Las madres se unieron e hicieron frente común a nuestras fechorías, desde entonces se nos acabó el hacer de corsarios sin espada. Desde aquella tarde en que los dos que siempre se aburrían se pusieron a tirar monedas a los coches que pasaban y acabaron en comisaría, porque le dieron a un coche recién comprado, se acabó, se acabaron nuestras incursiones mar adentro, se acabaron nuestras expediciones a las profundidades de las cuevas donde descubríamos huesos y momias, se acabaron nuestros regresos armados con palos y rebozados en barro, se acabó el tiro al blanco, el dardo a la diana o la moneda al coche. Las madres se unieron, los padres se desesperaron tanto que prefirieron mirar hacia Burgos, o hacia las puertas de Valencia, alguno hubo que ante tanto desmán se lio la manta a la cabeza, frase que tengo apuntada para preguntar qué significa y recitarla en mi próxima puesta en escena con mis latines y mis marchas militares. Yo, que recito, desfilo y apunto frases célebres, soy el más histriónico del grupo, hay para todo los gustos, el que tiró piedras es un superdotado en vías del fracaso, según dice una de las madres guerreras, el que dice que su casa es un burdel regentado por su madre y su hermana es el más increíble, según mi madre, mi madre es la que siempre pierde el ratón, ponedla delante de un ordenador y a los dos segundos como loca anda buscando el ratón por toda la pantalla, de las madres de los otros prefiero no hablar, sólo apuntaré que a la llamada de la mía prestas acudieron todas y ahí las tenemos, atentas, vigilantes, diplomáticas y colaboradoras, entre ellas, claro, y hemos pasado a llamarlas madres guerreras.
De los padres escribiré otro día, aunque del que se lio la manta a la cabeza nada más he sabido.

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